Lo bello es noble, digno y eterno si viaja al corazón del hombre

jueves, 20 de diciembre de 2007

UNA CRÍTICA JUSTICIERA

Es la del escritor Henry Kamen, en un artículo que ayer publicó El Mundo, bajo el título de El colapso de la cultura.

La hubiese reseñado ayer si otros menesteres y la hora del descanso no hubieran demorado su lectura final. El periódico aludido no está entre mis hojas de prensa favoritas. El € gastado se debió a una nota sobre Mas y su intervención en el programa de Milá; retaceada en otros medios impresos por causa de su horario de emisión (coincidente con la puesta en página de las ediciones; hecho que manifiesta la doble jugada gubernamental).

En opinión de Kamen -autor de Los desheredados. España y la huella del exilio- "la cultura y la civilización están amenazadas, sin una concienciación literaria de calidad".

Centrando su mensaje en la crítica literaria actual, la retrata palmariamente.

"En los pocos casos de España donde se publican reseñas, éstas son breves textos sin ninguna pretensión de calidad, dedicadas principalmente a obras de ficción del mercado peninsular. En algunos casos, como se demasiado bien por mi propia experiencia directa, los reseñadores no se leen siquiera los libros que les han encargado reseñar. Simplemente se inventan un texto rápido para llenar el espacio requerido. De esta forma, las personas que tienen el deber de fomentar la cultura, educándonos en las ideas y logros de los más recientes estudios, dejan de hacerlo y, por lo tanto son responsables de la ignorancia cultural que se encuentra en muchos sectores de la elite.
Una buena reseña, especialmente de un libro con tesis sugestivas en el campo de la política, la medicina, o disciplinas creativas como sociología, historia, arte o letras, puede informar nuestras mentes y enriquecer nuestro entendimiento (...)Una buena publicación literaria sirve para cultivar a la elite. Ayuda que avance la civilización".

En algunos post intervine sobre el tema, haciendo referencia al silencio o los susurros poco útiles que han acompañado, desde el primero hasta el último de mis ensayos. No fueron unánimes. Pero casi. De vez en cuando salta alguien declarándose electrizado por la seriedad de mi información y la forma de vertirla en el cazo.

A propósito, vale una anécdota. Giré el último tomo de Perón a varios periódicos y revistas literarias. Conozco el paño, pero era mi deber como editor realizar el trámite.

Aquí, el silencio de ultratumba lo quebró justamente Pedro J. Ramírez (patrón del periódico que publica la lúcida advertencia de Kamen), copiándome la estructura del capítulo que escenifica una pesadilla de Perón, para adaptarlo a una farragosa moraleja navideña, destinada al juez Del Olmo.

Fue hace casi un año (el 24/12/06). Está en las hemerotecas y por lo tanto quién desee puede comparar el original con esta mal inspirada copia, no pasible de denuncia judicial por tratarse de tomar prestados (aunque sin permiso, y lo que es peor, valiéndose de mi gentileza) retazos de la inspiración ajena.

Seguramente, el aludido mogul de la prensa escrita se sintió reflejado en mi análisis sobre un ególatra. Perón lo era; tanto como el Charles Foster Kane de Welles, su modelo original (William Randolph Hearst) y todo sujeto autoritario.

Pues no se copia a quién se admira o reconoce, sino al que -reconociéndosele acierto- se odia por sobre otra consideración.

¡Qué aguijoneantes serán las culpas del poderoso señor cuando los renglones de un humilde desconocido promueven semejante reacción!

Tal vez la sagacidad ajena resulte amenazante, y el giro de un texto analítico promueva en el ególatra el sangrado de esa honda llaga que nunca cicatriza.

Procuro que las mías, proporcionales a mi falta de ambición de poder, lo hagan.

Por eso escribo lo que otros copian en este desierto cultural, al amparo del desinterés público y el consiguiente arbitrio, para proyectarlo sobre cualquier señal de amenaza.



No hay comentarios: