Lo bello es noble, digno y eterno si viaja al corazón del hombre

domingo, 21 de septiembre de 2008

CHE, EL ARGENTINO

Benicio, estrella y productor del filme, en la piel del Che.

Steven Soderbergh acertó con el puertorriqueño Benicio del Toro; extraordinario intérprete de múltiples recursos.
Su Che es creíble en palabra y gesto. El guión del filme, basado en apuntes de campaña que Ernesto Guevara redactó durante la campaña de la Sierra Maestra, lo es algo menos.

Del relato, emerge un lider principista y justiciero, desestimando el lado sombrío y cruel de este argentino andariego al que impresionaban la pobreza de las masas latinoamericanas, y la sujeción de sus gobiernos -a menudo oligárquicos y opresores- al dictado geopolítico yanqui y los intereses de sus empresas.

Paradojalmente, la familia de Guevara (y en principio él mismo) detestaba al general Juan Perón y su movimiento de masas, enfrentado a la oligarquía nativa y el Gobierno de los EEUU con gran respaldo obrero.

Su experiencia juvenil recorriendo Suramérica en moto tras su diplomatura en medicina, le había llevado a conocer a fondo la pobreza en varios paises, hecho que cambió radicalmente su visión del peronismo relativizando su naturaleza dictatorial; tal como documento en párrafos que transcriben cartas del Che dirigidas a su familia (residente en Argentina) incluidos en mi segundo tomo sobre Perón.

Testigo activo de la experiencia nacionalista del coronel Jacobo Arbenz en Guatemala, y su derrocamiento en 1954 a manos de mercenarios entrenados y armados por oficiales norteamericanos en la vecina Honduras, huyó a México.
Allí conoce al joven abogado y refugiado cubano Fidel Castro, a través de su hermano Raúl.

Bajo el liderazgo del primero echa a andar la leyenda del asmático Guevara como cuadro dirigente de la futura Revolución, unida en principio a la campaña guerrillera contra el tirano Fulgencio Batista; un ex cabo telegrafista del Ejército que a la sazón dominaba, mezclando florentinismo y brutalidad, la escena política cubana desde 1933.

El filme repasa su avance armado, disputando posiciones al desmoralizado enemigo de un régimen descompuesto, palmo a palmo, entre la frondosa vegetación y las altas colinas boscosas de la Sierra Mestra.

El perfil humano de Guevara destaca en la fraternización con sus hombres, y los métodos de firme persuasión que administra, tanto para reclutar campesinos jóvenes e idealistas, como adoptando medidas disciplinarias que incluyen en fusilamiento ante graves faltas.

El toque romántico se insinúa apenas en la fraternal asistencia de la jovencísima y bella Aleida March, quien tras la fuga de Batista y el colapso de su corrompida tropa ante la potencia guerrillera y el apoyo popular de los cubanos al nuevo Gobierno Revolucionario, se convertiría en su segunda esposa (la primera era la militante comunista peruana Hilda Gadea, madre de una hija en común, que había quedado varada en México y luego se divorció de él).

Otro de los aspectos destacables del filme radica en el tratamiento que hace de Fidel Castro. Distanciado de la cierta bonhomía de Guevara, se nos presenta como jefe indisputado de la campaña y notable estratega, al que Che y otros jefes rebeldes (entre ellos un dinámico y simpatico Camilo Cienfuegos) obedecen sin rechistar. A pesar de lo episódico de sus entradas a escena, el retrato es fiel, proyectando un enérgico y áspero hombre de acción con poco tiempo para otros asuntos, que no sean la acción misma.

Hay, pese a las limitaciones del relato un hecho indiscutible. Nacida en los combates de la Sierra tras un frustrado desembarco en la costa cubana que costó vidas y cárcel para unos pocos sobrevivientes, la Revolución contó con gran respaldo popular y conmovió la sólida redondez del mundo de entonces, sembrando una leyenda.
En ella el Che Guevara se ganó el cetro al idealismo y la entrega revolucionaria.

No es materia de este post discutir lo que a posteriori aconteció con el argentino, y los que codo a codo con a él vencieron a Batista y sus garantes imperiales.

Lo cierto es que aquello que el combatiente relató, y adaptó Soderbergh al código de un filme semidocumental medio siglo después, deviene objetivamente veraz. Sin esos ideales de redención popular y justicia para todos, los campesinos de la Sierra no hubiesen respaldado con alma y cuerpo esa campaña. Tampoco los obreros y estudiantes de las grandes ciudades.

El caso es que lo hicieron, y ello nos vale para respetar esta cinta, poco frecuente a la hora de repasar la azarosa historia de los pueblos latinoamericanos; tan mal comprendidos por la Europa de hoy y sus cronistas.

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