Lo bello es noble, digno y eterno si viaja al corazón del hombre

domingo, 23 de septiembre de 2007

LA EXTRADICIÓN DEL "CHINO"

A Alberto Fujimori (alias "El chino"), ex profesor de matemáticas y el único Presidente del Perú que renunció a la distancia y por fax, fue extraditado por la justicia chilena a su país de origen, dónde le esperan ajustes de cuentas que marca la ley, por asesinatos y corrupción generalizada en su tenebrosa década (1990/2000) de mandato. En los prolegómenos del forzado retorno, anunció que volvería a gobernar. Si contamos que, a pesar de perpetrar el actual mandatario Alan García otra gestión (1985/1990), signada por el pandemonio económico, la corruptela generalizada y los delitos de sangre, volvieron a votarle en reemplazo de Alejandro Toledo y su perfil incaico, concluimos que en la república andina, todo es posible.
Anticipo de esta cruel realidad comportan los votos que han respaldado electoralmente a la hija del preso, y la cierta lozanía de su liderazgo sectorial.
Hijo de inmigrantes japoneses, el sátrapa de la ciencia exacta estableció cordiales relaciones con el terruño paterno. De poco le valió. Más ayuda a sus dislates le prestó en el área de poder el siniestro Vladimiro Montesinos, su virtual "hombre fuerte"; una suerte de Rasputín maquinador de gatillo fácil. Más o menos lo que significó José López Rega para Juan Perón y su tercera mujer. No es casual que las desmedidas ambiciones de un líder canijo y un docente matemático procurasen auxiliares en los bas- fonds.
En cierta ocasión un dirigente opositor preguntó al primero el porqué de alguien como López Rega a su vera.
"El día que no pueda levantarse del vater lo entenderá."-respondió Perón, guiñando el ojo encimado por la famosa verruga.
Lo del váter tiene doble significado. De la merde y sus aromas se encarga el lumpen de turno. La especie ronda el poder como las moscas a la tarta de fresa o la fresca deposición.
Siempre habrá uno a mano para asumir la difícil maestranza del autócrata y sus desagradables aromas.
Década de fuerte endeudamiento y malas consecuencias para América Latina, la que gobernó Fujimori guarda cierto paralelismo con la controvertida égida de Carlos Saúl Menem en la Argentina.
Hijo de inmigrantes sirio libaneses, Menem (alias "El turco") construyó un poder de emirato en nombre del peronismo, tiñendo su ejercicio de liberalismo económico a ultranza. El mérito que algunos le acreditan es haber pulverizado, a base de recortes presupuestarios y la desindustrialización, el tradicional poder del Ejército y los jerifaltes sindicales. Menos éxito recabó su programa social; francamente elitista y sellado por una dolarización económica a la postre fatal.
Cómo en el caso peruano, los ricos se hicieron más ricos, y los pobres, muchísimo más pobres; creciendo en número a niveles hasta entonces desconocidos en el país. Aparte de marcar un drástico arriba y abajo en la castigada clase media, este viñatero de ocasión situó a su país en los niveles de pobreza habituales de la región; acordes con la globalización mundial de la economía.
Ambos mandatarios atacaron a la prensa independiente, y tras pleitear clamorosamente se divorciaron de sus esposas en medio del escándalo. El exhibicionista Menem -que perdió un hijo en oscuro accidente- se refugió transitoriamente en la hija sobrevivida, inactiva en política. En cambio, el más discreto Fujimori, maestro al fin, entrenó a la suya para sucederle; fallido acto en la cumbre, no por lo que se observa, en el llano.
Más árabe (políticamente) que argentino, y más japonés (en la vena de Hiroito y Tojo) que peruano en el ejercicio del poder, Menem y Fujimori, siameses autócratas, enancados en mayorías congresuales dóciles y un permanente jaque a libertades menguadas, han sido juzgados por sus compatriotas. Uno por el voto escaso que facilitó en las últimas elecciones el ascenso de Néstor Kirchner. El otro por la indiferencia ante su exilio.
El "turco", que aspiraba a perpetuarse en el poder, fue vencido en primera instancia por un frente izquierdista y liberal, purgando temporal arresto. La herencia económica que dejó su era fue desastrosa. Los rivales que le sucedieron con De la Rua ahondaron la crisis; revertida a duras penas por el actual Presidente; otro peronista con afán de perpetuarse mediante la próxima elección de su mujer, a falta de opositores con prestigio y programa acordes.
De momento, al "Chino" le aguarda una instancia bastante más difícil que a Menem.
Éste no arrastraba cadáveres; sí Fujimori.
Aguardamos expectantes el juicio y fallo de la justicia peruana.
Hasta que no se demuestre lo contrario, es lo que hay.

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