En la vieja España se retitulaban mal muchas películas extranjeras. El de "Hampa Dorada", rodada en 1930 por Mervin LeRoy, con Edward G. Robinson, correspondía al de "Little Caesar", que bien traducida al español, hubiera sido "El pequeño César".
En el país de hoy los filmes se retitulan mucho mejor, conservando a veces el bautismo original; intraducible en encanto y sonoridad.
La historia del César interpretado por el gran Robinson, era la de un reyezuelo del hampa, destronado al fin del metraje por la ley, tras una solitaria decadencia.
En las mañanas de esta España nuestra, otro pequeño César, mediático y encuadrado en la democracia, gobierna un controvertido espacio en la Cadena Cope. Es otro Jiménez, menos glorioso que el autor de "Platero y Yo", y muchos otros igual apellidados; aunque poderoso en su esfera hertziana. Desde ella gobierna el pelotón de colaboradores con la unción de un viejo maestro de escuela; de esos a los que contradecirle significaba un reglazo en los nudillos.
Luís Herrero y a veces el director del diario "El Mundo"(otra pieza de nuestro nutrido aviario), son los únicos en manifestar alguna disidencia con el poderoso señor.
La técnica empleada por este escritor mediocre y gran provocador de barricada, destila aquella formación bolchevique de la que tanto reniega. Ferviente anticomunista hoy, no reniega de la vieja intemperancia militante que sentenciaba al enemigo. Manifestarse enemigo del colectivismo o el populismo, no garantiza en sí mismo nada. Una muestra de ello es su frente interno, convertido en un virtual bunker, donde la práctica del centralismo democrático, tan caro a Lenin, impide cualquier disidencia. Por eso sus sofocadas tertulias, estando él presente, semejan las tradicionales reuniones de célula conspirativa. El camarada informante y jefe supremo, siempre tiene razón. Nadie puede sacar los pies del plato sazonado con su pensamiento. La imitación o el destierro son las alternativas que ofrece tal organización.
A sus amigos del Partido Popular les trata de timoratos y "maricomplejines"; un término que suele administrar entre la ironía y el desprecio. Últimamente introduce algunos gruñidos y onomatopeyas verbales cercanas al comic para reforzar su discurso tabernario y catastrofista, siempre festejado por la comparsa. A él le parecerá original. De acuerdo a los patrones culturales más sensatos, resulta patético. Más aún que las torpes urdiembres del "Grupo Risa".
Si el PSOE subió al gobierno gracias a una conspiración mediática y policial, o bien no vivimos en una democracia, o quizá somos imbéciles; en primer lugar el PP, por dejarse embaucar. O sea, que Jiménez no deja títere con cabeza; se trate de votantes, partidos en liza o candidatos. Ese es su respeto por la voluntad popular que garantiza la Constitución a todos los españoles. Lo de cobardes o valientes no tiene perdón. Aparte de ofendernos a todos en una u otra forma, reduce la alternativa histórica de una justa electoral de importancia, a una mera disputa barrial. De acuerdo con su mala uva, debió haber tenido muchas en la infancia. Que haya sido o no valiente entonces es algo que no sabremos nunca; aunque por alguna razón lo persigue el síndrome de la cobardía. De ahí que exalte su opuesto.
Lo de "maricoplejines" es otra ofensa, mezclada con cierto aire desafiante, esta vez destinada a la derecha, para que sus políticos hagan lo que a él le venga en gana. El mismo matonaje, corregido por la xenofobia, destina a los "moros"(el caballero utiliza el término común para definir varias etnias), catalanes y vascos; amén de los gallegos y Manuel Fraga; transformado ahora en enemigo interno a batir, después de Ruíz Gallardón y el diario "ABC".
En su empeño al agregarse el Losantos para no parecerse a otros Jiménez, lo ha conseguido; al igual que su amigo del alma, Pedro Ramírez y su "J" famosa, dispuesta entremedio del cabezal y el remate. Los Ramírez abundan. También por fortuna habrá pocos como él. Hablo del periodista de hoy, no del que luchó con valentía contra la corrupcción felipista y desnudó la trama de los GAL. Entonces para muchos españoles, "El Mundo" garantizaba la libertad de prensa. Hoy se quedó en pasquín.
Los tiempos cambian...
El tono acusatorio y descalificador que destina Jiménez a sus enemigos, revela el extravío al que le condujo la sed de poder, y sobre todo el de su reivindicación personal. En ocasiones la nostalgia del franquismo aparece en frases soltadas al pasar. "En esa época se educaba mejor que ahora", es una de ellas. A su manera lleva razón. Él mismo es una prueba mediática de la educación franquista. En otra, desgranada no hace mucho, sostuvo "hacer el tonto" cuando era estudiante universitario y (supuestamente) combatía el régimen.
Recuerdo alguna escena del filme aquel de Kubrick, en el que Peter Sellers, encarnando al científico nuclear que sirve a los americanos alza el brazo haciendo el saludo nazi. Al "Dr. Insólito" se le escapaba el gesto; igual que a Jiménez.
La diferencia entre el intemperante o el sensacionalismo del "El Mundo", y PRISA, es que Polanco era un empresario con buen olfato para elegir colaboradores y desarrollar una estrategia triunfal a mediano y largo plazo. En vez, Jiménez es un periodista de plazo corto, sectario y absorbente, descubierto por otro (Ramírez) muy ambicioso y precavido; aunque sin el talento ni el olfato del fallecido. No es casual el descubrimiento, la continuidad del vínculo y este abrazo histórico de dos ejemplares egocéntricos.
Aclaro que hace un par de años y ante la amenaza de cerrar por una vía oficial la intervención de Jiménez en la COPE, firmé en contra del intento. Volvería a hacerlo de retornar la amenaza. Si alguien se siente ofendido por alguno de los maliciosos comentarios de este César pequeño y sin mucho futuro en una democracia avanzada, debe ir a los Tribunales. Lo hizo Alberto Ruíz Gallardón y debe hacerlo cualquier ciudadano que así lo considere.
Ello no quita que estime poco constructivo este espacio, que un día fundó el malogrado (e ireemplazable) Antonio Herrero con otra intención. En el mismo no faltaba la pluralidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario