Lo bello es noble, digno y eterno si viaja al corazón del hombre

viernes, 21 de diciembre de 2007

DEL POZO

"Hubo una vez un periodista contestatario que entregaba su pluma a los humildes.
Era Ráúl del Pozo. De argumentos hábiles y una sinceridad a flor de piel, terminó sus días en el trasero del diario El Mundo."
Más o menos así rezará el obituario de este arrepentido. Al no pecar de adivinos y desear sinceramente que viva muchos años, privamos al imaginario de su fecha.
Del Pozo fue de izquierdas la mayor parte de su vida. En los últimos tiempos ya venía dando muestras de un giro a la derecha, acorde con el del PSOE de González. Su desencanto ante la corrupción de sus dos últimos gobiernos y los crímenes del GAL, le arrimaron a la estrella ascendente de José María Aznar. Con él conservó distancias, que ahora coinciden gracias a los oficios del director de El Mundo, y la consideración manifiesta que viene realizando el jefe de su pluma.
Horas atrás, en diálogo con Jiménez Losantos, admitió del Pozo -con cierto pesar teñido de nihilismo ante otro ejemplar del tortuoso sendero- su adscripción a las tesis de la derecha.
Aclaro usar los términos que administra el susodicho; no los que yo administro. Para mí, derechas o izquierdas son un referente del pasado. Creo en la mesura y el respeto en democracia, sin retacear críticas o autocríticas cuando caben.
En cualquier caso, admito que otros se manejen con la entelequia.
No sólo deploro que del Pozo se haya unido a la tribu de las folclóricas, rindiendo su pluma a Pedro J. Ramirez.
Se puede caer más bajo aún.
Hace unos días calificó al nacionalismo como un invento de mierda (atribuible a Zapatero).
"Aborrecemos a los nacionalistas del mismo modo que ellos nos detestan"-agregó este gitano de Cuenca.
Y héte aquí el fondo del abismo. Pues los gitanos fueron desde 1982, reconocidos como nación por la UNESCO, a instancias de Yul Brynner; gitano de verdadero talento y pura honra. La misma que supo lucir el extraordinario guitarrista de jazz Django Reindhart y lucen nuestras grandes figuras del arte flamenco. O catalanes como el popular Peret y los cultores de la Rumba Catalana, invento de un argentino, desarrollado por gitanos y payos.
De esa pura honra nacional integrada al mundo, carece del Pozo.
En buen romance, ser gitano le interesa apenas como anécdota, propia de un self made man de las letras.
Los catalanes, vascos y gallegos formamos parte de otras naciones, compatibles hasta hoy con España. Para nosotros, en particular, ser catalanes no es una anécdota para lucir en sociedad o estampar en los renglones.
Somos una nación. También existe la nación gitana. del Pozo la ignora. Si no la ignorase, tampoco podría ignorarnos a nosotros. Y menos aún aborrecernos.
Al igual que los gitanos, carecemos de Estado; a diferencia de ellos, contamos con un territorio.
Y estamos orgullosos de ser, permanecer y ampliar nuestras competencias. Los gitanos de nuestra tierra son catalanes. Otra nación que confunde su sangre con la nuestra.
Oriundos de la India y Egipto, este pueblo valeroso, nómade e itinerante, se instaló en Europa (aproximadamente hay diez millones) y el Continente Americano (dos y medio más), arracimándose en el norte y sur de España, Hungría, Rumania, Rusia y la Alemania comunitaria.
El hecho de llamar payos a los europeos de origen, proviene del término pagés, que justamente en Catalunya refiere actividades vinculadas al medio rural.
Esa es parte de la tradición que marcó la singularidad de los gitanos catalanes.
Hasta la mitad del Siglo XX, los gitanos itinerantes apenas sabían leer y escribir. La modernización no tardó en incorporarles a la cultura contemporánea.
No objeto que del Pozo se sienta gitano español. Pero su brutal ataque a las naciones que habitan este mapa, niega que otros gitanos se sientan catalanes (vascos o gallegos) y que nosotros estemos orgullosos de nuestra nación.
Ahora resulta que reemplaza al fallecido Francisco Umbral en la columna trasera de El Mundo.
El cementerio de los viejos elefantes es el premio a la subrogación de sus ideas sociales y el manifiesto vasallaje ante un poderoso involucionado. De paso, acomoda su vejez a un parné generoso; el que se destina a los mastines obedientes.
Dice el sujeto que somos unos nacionalistas de mierda fabricados por Zapatero. Nuestra nación lleva siglos existiendo. El poder de Zapatero y sus torpes maniobras procurando dividirnos, apenas cuatro años.
Si Franco no pudo con nuestro orgullo nacional, menos podrán aquellos que nos ofenden, menoscaban o pretenden timarnos.
Habrá que ver lo que duran del Pozo y sus deposiciones impresas encolumnadas en ese trasero.
Seguro que mucho menos que nosotros.

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