
Insisto en la tendencia de ocultar en las imágenes el frontón del héroe. Poco significante en popularidad y destino.
A continuación, procuraré ofrecer páginas más claras del Spy ilustrado; y las de Kane Richmond, un partiquino más en el baile de los perdedores en la industria. Gable o Tracy había pocos. Los Richmond sobraban en la oferta. Triunfaban un día o dos en los seriales junto a sus enamoradas. Pero en realidad eran tan efímeros como las mariposas.
La suerte de los ganadores en este baile del infierno se ajusta a ciertas cincunstancias bastante poliédricas.
Empero, el juicio de la cámara, poderosa e implacable, no miente. No enfervoriza en el arte dramático y otras disciplinas quien quiere, sino quién puede.
El público hace lo demás al copular con ella. Auque no precisamente el tierno y púber espectador infantil, tan ajeno a ciertas realidades y precisado de ídolos...
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