Los recursos políticos, financieros y mediáticos generan grandes
monstruos en este Siglo XXI,de signo canalla, y con probables elecciones españolas. Que el PP sea la fuerza más votada no debe extrañarnos, ante el sabotaje
del PSOE y C´s, mancomunados en la atrocidad de la Gran Coalición.
Durante décadas de franquismo, España fue una doble aldea turistica,
para sí, y los visitantes con dinero para gastar. La modernidad que
aportaron fue suecas en cueros y las producciones de Samuel Bronston. De
hecho, la política no existía para el consumo de las masas desde 1939, y
Washington, junto a los países europeos de la posguerra en
recuperación, no movieron ficha. Franco era un dictador cómodo y
anticomunista, con quien se podía hacer negocios. Menos el de la
Democracia, cualquiera. Pero hete aquí que el faltante podía realizarse
sobre la base de un pueblo ensombrecido y censurado, viviendo entre el
atraso y el silencio. Entonces llegaron los soldados de fortuna,
reavivando, una vez muerto el dictador, el viejo PSOE. Había que
extirpar de su historia su intervención en la Guerra Civil, y eso mismo
hicieron los nuevos advenedizos. Fué su labor capital. Desde entonces, con
ayuda del olvido masivo propagandizado por los medios, la Transición,
colaborando con ella el PCE de Santiago Carrillo, funcionó con viento a
favor para el joven abogado Felipe González Márquez, camuflado en un
marxismo volátil de corte macartista, que fue asomando en el tiempo. Él
y sus nuevos centuriones, financiados por el entonces poderoso Willy
Brandt, hicieron lo imposible para quitar cualquier radicalización
popular de el medio, y gracias a Carrillo, acompañado por momias vivientes como
Dolores Ibarruri, lo consiguieron. El resto lo conocemos. Hoy, sin
embargo, poco queda del PSOE tan votado, como sometido al uso y abuso.
La miseria europea de la UE pudo más que la tradición, y el famoso voto
aborregado de los españoles, base efectiva de la desmemoriada
Transición. De forma tal que, el monopolio momificador pasó, de los
viejos capituladores, a los nuevos y desgastados. Susana Díaz, Pedro
Sánchez y los burdos barones de la formación, proyectan los restos
vivientes de un cadáver partidario, realizado a base de serios errores,
concesiones a las grandes empresas y una petrificación de la voluntad.
Hoy los aborregados son ellos, jaleados por el fantasma viviente de
Felipe González, y sus propios demonios. El pacto con C´s, realizado por
Sánchez y Cizaña Díaz, entierra los restos del viejo programa sin
vergüenza alguna. Ya no son de Izquierdas por la sencilla razón que
jamás lo fueron, aunque ya quede claro para quien los votó, y quienes no
les votaron. El espectáculo que presenta este candidato fallido, un
mentiroso profesional, según la tradición partidaria, es más bien
patético. La Díaz pone el hombro con su fascismo sureño de corte
elemental. En realidad, el único espacio que le queda al PSOE, es el
andaluz, contaminado por los ERES y su cuadro, francamente tribal. Paso a
paso caen las máscaras del corto progreso y la alternancia de dos
grandes partidos. Por esa razón, el PP, rancia herencia del franquismo
sigue, pese a su insostenible corrupción, en cabeza para los nuevos
comicios. Quizá pierda votos en beneficio de los falangistas de Rivera.
Pero tampoco a este invento tardío del IBEX 35 y la extrema derecha de
este país se le augura una larga carrera en las pistas. Nadie que niegue
las nacionalidades en esta tierra diversa puede sobrevivir mucho tiempo.
Podemos y en menor medida IU, se erigen, por su intransigencia
recuperando el programa democrático inicial, en resistentes válidos ante
la conjura de los poderes fácticos y sus sirvientes. Les aguarda un
largo sendero de acechanzas, amenazas y provocaciones. La justicia, no
es de extrañar, siempre lo acreditó. Pero la única manera de superar un
pasado ruinoso es la del esfuerzo sostenido. El Erre que erre, tan
promisorio, que dibujaron en suelo español el 15M y las mareas,
conmoviendo la calma chicha en otros puntos del planeta.