Lo bello es noble, digno y eterno si viaja al corazón del hombre

viernes, 10 de octubre de 2008

EL ESPÍRITU "NAZIONAL"



Reproduzco la cubierta de nuestra "Sapiens", del mes de marzo. El titular principal que acompaña la imagen de Santiago Bernabéu lo dice casi todo. El Estadio del Real Madrid lleva su nombre por mérito propio, enmarcado eso sí, en una época infame; factor que hoy pone en cuestión la naturaleza de los honores.


El valenciano Bernabeu, hombre de confianza y protegido del General Muñoz Grandes, era un deportista de ley y convicciones propias. Sin embargo, respaldó arma al hombro la sedición fascista en 1936. Tres años después, el caporal -que había fugado de Valencia para servir a Franco- ingresó triunfal, junto a su fusil y otros marciales sediciosos en la vencida y derrotada Barcelona.

En descargo de este antiguo votante de la CEDA, cuentan sus valientes enfrentamientos con el siniestro general Millán Astray -a quién expulsó del Estadio por manosear a la esposa de un camarada, jugándose el pellejo- y el desagrado del régimen ante la espontánea condecoración -que con medalla propia otorgada por el franquismo- hizo de motu proprio al general judío Moshé Dayan siendo aún inexistentes las relaciones entre Madrid y Tel Aviv.

Presidente del Real desde 1943 hasta 1978, Bernabéu vivió y murió en medio de una pobreza digna, e inusual para un vencedor de los obreros y campesinos de su patria. En muchos sentidos fue la mosca blanca del funcionariado dictatorial, a quien respetaron con sagrada unción los hinchas de su equipo, y los de más allá.

El ex caporal bregó apasionadamente por el deporte (jugaba fútbol desde la niñez y fue un crack al que vivaron multitudes en su primera juventud) desde el Club de sus amores, al que hizo grande y poderoso.

La objeción que hacemos al singular bautismo del Estadio que alzó, radica en una virtud sectorial, plenamente desarrollada en un medio opresivo y degradante, a costa de la verdad histórica. Que se sepa, este hombre entregado al fútbol permaneció indiferente ante las atrocidades perpetradas contra los vencidos.

Es más. Entre las virtudes que ofrendó el laborioso Bernabéu al régimen que impusieron él y sus camaradas, se contó su especial anticatalanismo, ya manifiesto antes de la Guerra Civil en el área deportiva, mediante la tenaz oposición a las cuotas autonómicas dispuestas por el régimen republicano en la Selección Nacional de Fútbol.

Devoto del Real, Franco utilizó al popular Bernabéu para potenciar escuadras que debían superar al Fútbol Club Barcelona, sofrenando el inquietante orgullo catalán en las contiendas deportivas.

Aún hoy se considera héroe nacional a este servidor del "Caudillo por la gracia de Dios", mientras sobre la tumba del President Lluís Companys, votado en dos ocasiones por la gracia de los catalanes, y fusilado por los compadres de Bernabéu tras un secuestro en Francia facilitado por Pétain y la Gestapo, aún se proyecta la sombría mancha de un juicio franquista.

Esta mañana en el bunker de la Cope, Losantos y su partida de impresentables (entre los que deponían [el arrepentido] Gabriel Albiac y Luís Herrero) peroraban con fluidez sobre el "bando nacional y los nacionales".

Así se autodenominaron por propia voluntad los militares sediciosos que, avituallados por Hitler y Mussolini masacraron españoles respetuosos de la Ley y el Estado de derecho, desde el trágico mes de junio de 1936.

Para ellos y sus secuaces, los republicanos no eran hijos de esta tierra que deseaban mayor justicia social. Eran apátridas rojos que traían el comunismo.

Como si la indiferencia de americanos, británicos y franceses ante la alianza de los sediciosos con Mussolini y Hitler, no fuera causa del patético aislamiento republicano; asociado a la consiguiente entente con el armamento servido por el Kremlin (a precio de oro), y su potenciada delegación local.

Treinta años después de muerto el dictador, su legado de "una Grande y Libre" enemistada con las autonomías y los pueblos de España, sigue vivo en el ánimo, la pluma y la voz, de éstos y otros sujetos.

Por la misma razón -sustancia de un "espíritu nazional" sobrevivido a 30 años de la Transición-, aún el Estadio del Real Madrid responde al nombre y apellido de "Santiago Bernabéu"...







martes, 7 de octubre de 2008

LAS 65 HORAS

Los comisarios de la UE intentan que, en nombre de los que en verdad representan, nos reventemos como bestias de carga. La extensión a 65 horas semanales en el ritmo laboral apunta quebrar para siempre el espinazo de las leyes sociales, que sin ser nada del otro jueves, tanto costó conseguir.

Esta pomposa Unión Europea se ha edificado ladrillo a ladrillo, decreto a decreto, para dominar mejor a sus asalariados; explotándoles a gusto y paladar.

Sus legisladores, auténticos turistas de alto standing, con sueldos que orillan los 12,000 eurazos mensuales, están orondos.

Nosotros lo estamos menos. La vuelta de tuerca que nos priva del descanso, el ocio, la cultura, el sexo y todo lo bello que ofrece la vida, aumentando los ritmos laborales y su espacio horario, corona una brutal trayectoria de abusos y recortes salariales.

La moneda única duplicó el costo de la vida sin que los sueldos equiparasen el disparadero. Lo hemos vivido en carne propia desde el fatídico 2001. Y sólo fue el anticipo; una suerte de prueba de Pavlov con el perro que funcionó, merced a su enorme, voraz descaro, y las anchas tragaderas de los perros.

Ahora los turistas y sus titiriteros -auténticos beneficiarios de esta grotesca fábula y su enorme plusvalor- pretenden que paguemos su crisis económica.

Por eso apresuran el trámite explotador, sumando 17 horas a las previas 48.

En medio de sus dentelladas, en un mar financiero teñido de sangre, los escualos permanecen unidos en el objetivo. En cambio, los que vendemos nuestra fuerza de trabajo no contamos con órganos que les planten cara.

Hace mucho que los sindicatos europeos arriaron las banderas del combate, izando las de la conciliación. Los cargos rentados y las licencias laborales, respaldadas por créditos generosos y oportunidades de los que no goza el asalariado medio, han triunfado sobre la moral de representación.

De nuestros parlamentarios "de izquierdas" o suavemente reformistas, ni hablar. Poco pueden esperar de semejante casta funcionarial los cientos de millones de mileuristas en los 27 países que integran la "unión", de quienes embolsan mes a mes, de 7.000 euros para arriba.

En la diferencia salarial -paralela a la de los ejecutivos en las grandes empresas- radica la clave de esta dominación. También parte de la brutal crisis financiera y el descalabro económico presente.

Las 65 horas semanales, complemento de la extensión en años de la edad jubilatoria, disponen un nuevo estadio de esclavitud carente del menor bienestar.

La ecuación del trabajar para vivir se cambia por el de vivir para trabajar. Y luego perecer despacio, como los pobres caballos de tiro; aquellos desdichados cuadrúpedos que sesenta años atrás veían morir cada día un poco nuestros azorados ojos infantiles, cuando traqueteaban el hielero o el croto con los carros repletos de bloques y bártulos por la vieja barriada de asfalto empedrado, vecina al cementerio.

lunes, 6 de octubre de 2008

SE PRECISAN HÉROES

En este tiempo impiadoso y desesperanzado se precisan héroes. Habiendo sucumbido los del siglo XX ante el peso de la la realidad, no hubo tiempo de fabricar otros. Un repaso al panorama mundial de hoy retacea la especie.

Sin embargo hasta el momento, la humanidad requiere postulantes.

Es un viejo asunto que nos persigue a lo largo y ancho de los siglos. Los héroes (me refiero al liderazgo político, no a vidas ejemplares o ciertas conductas de la cotideaneidad) alejan nuestro miedo ante el porvenir, brindándonos una cierta perspectiva de futuro.
De bote pronto, ante la necesidad se encienden nuevos escenarios para los viejos arquetipos. Resulta que para algunas cabezas templadas en la revisión, Franco nos salvó del comunismo y las penurias de la Guerra Mundial, en vez de encabezar -tal como fue- una sedición realizada por encargo de los viejos poderes fácticos que apuntaban al rezago español y la miseria popular, defendiendo privilegios.

O bien que el Che Guevara y Fidel Castro agujerearon el monolitismo comunista para insufrarle nuevos bríos.

Todo es cierto. Franco nos salvó del comunismo y la Guerra mundial, a cambio, claro, de oprimirnos, fusilarnos, exiliarnos y amordazarnos. Fue como matar el cólera diezmando a la población.

O sea, un recurso preventivo.

Y así, preventivos permanecemos hoy; aunque imaginemos lo contrario.

El Che Guevara y Fidel vitalizaron un sistema decrépito, prolongando la vida de su esquizofrénica fórmula social. Si, aunque de paso borraron del mapa un régimen oprobioso, gobernado por la hambruna, el despotismo y otros intereses.

Ahora los izquierdistas del orbe, en retroceso global, se inventan la heroicidad del argentino Rodolfo Walsh; un pistolero cuya única virtud fue renegar a última hora de sus coleguis del bandolerismo, a la vez que denunciaba las verdaderas intenciones de los militares sediciosos y su atroz genocidio, ejecutado en nombre de la patria.

La ostentosa mención de la patria demanda héroes.

Su necesidad en este mundo plano, y sujeto a números que hoy por hoy se descalabran a cada minuto, arrecia. Ante las vacantes, desenterramos cadáveres del camposanto a los que brindamos un horizonte.

Precisamos espécimenes que no se obtienen a través de anuncios clasificados. Los fabrica la Historia cómo tales, aunque para dejarlos luego en pelota.

Como venimos y nos vamos de este mundo...






sábado, 4 de octubre de 2008

RODOLFO WALSH

En "El País" de hoy su ex director, el economista Joaquin Estefanía, dedica al desaparecido escritor, militante nacionalista y héroe de la izquierda argentina Rodolfo Walsh, un encendido panegírico, a raíz de la edición española de "Operación Masacre", su libro más famoso.

Dirigente montonero en plena disidencia con los jefazos de entonces (la mayoría exiliados), Walsh alcanzó a escribir un certero bando sobre la dictadura militar genocida, que llegó a publicar entonces el matutino en lengua inglesa "Buenos Aires Herald". Casi enseguida fue ultimado -no sin batirse a tiros con valor- por un comando represor, en el que figuraba el siniestro marino Alfredo Astiz.

Los elogios de Estefanía a Walsh no mencionan que, además de denunciar el fusilamiento de civiles en un basural bonaerense por efectivos policiales que respondían al dictador Pedro Eugenio Aramburu en 1956 mediante su mejor trabajo de investigación, el escritor ofició como matarife en jefe de Montoneros, planificando los respectivos asesinatos de Augusto Timoteo Vandor y José Alonso, encumbrados burócratas del sindicalismo peronista.

La previa trayectoria de Walsh, hijo de peones de campo irlandeses y educado por curas, señalaba un temprano nacionalismo; para el caso de derechas. Su paso por la tristemente recordada Alianza Libertadora Nacionalista (grupo armado cazador de comunistas que prohijaba desde el Gobierno el primer peronismo) no le impidió evolucionar hacia las márgenes izquierdas del río, mientras se afincaba en el periodismo.

La brutal represión que anticiparon los salvajes bombardeos rebeldes de Plaza de Mayo sobre la inerme población civil en junio de 1955, y el posterior derrocamiento de Perón, se prolongó desde una nueva dictadura, encabezada por el Ejército y la Marina de Guerra, con anuencia de los viejos enemigos políticos, vencedores de un peronismo proscrito desde entonces.

El año siguiente el conato de sublevación que encabezó el General peronista Juan José Valle fue abortado a sangre y fuego. Por vez primera en el País se fusiló a oficiales del Ejército (Valle entre ellos), extendiéndose la represión a políticos y sindicalistas.

Walsh fue quien con el tiempo denunció uno de los episodios más oscuros de la época. Luego su trayectoria le uniría tempranamente a la Revolución Cubana y su agencia de noticias Prensa Latina, por él creada junto a Ricardo Massetti y otro ex aliancista a quien leí en mi juventud y hace cuatro años tuve la desgracia de conocer: el oscuro y envejecido Rogelio García Lupo.

La conversión declarada al peronismo rebelde por parte de Walsh (antes pertenecía al menos romántico) se produjo a finales de los años ´60, cuando El Cordobazo y otras puebladas sacudían el poder de nuevos dictadores militares, tras breves interregnos civiles.

La concupiscencia de los burócratas sindicales con el abstruso admirador de Franco, General Onganía, generó nuevas corrientes y divisiones en la clase obrera, influyendo a la juventud nacionalista, pronto convertida al peronismo más combativo.

La eclosión de Montoneros tras el secuestro y asesinato del ex dictador Aramburu permitió a Walsh -formado como cuadro de Inteligencia durante incesantes viajes a La Habana- encarar la jefatura operativa del grupo.

Al mismo se deben crímenes tan bien planeados como los ya citados, y otros, perpetrados contra jefes sindicales de menor rango (Rogelio Coria, Dirk Kloosterman, y otros tantos gremialistas elegidos, mal que pese, por sus bases fabriles).

La creación del diario "Noticias"-órgano Montonero- tuvo en Walsh su mentor. Previamente lo había hecho con el semanario "CGT de los Argentinos", en respaldo del gremialista socialcristiano Raimundo Ongaro, a la vez que señalaba a Vandor como verdadero ejecutor del metalúrgico de Avellaneda Rosendo García (caído durante cierta reyerta sindical en un bar bonaerense) mediante otra labor de investigación ("¿Quién mató a Rosendo?")

Tras el breve ejercicio de Héctor Cámpora y el retorno pleno de Perón al poder llegó el "ajusticiamiento" de José Rucci (al que en modo alguno pudo ser ajeno Walsh), mientras el mayordomo del anciano Líder redoblaba sus ataques -también armados (e inducidos por el patrón)- contra la izquierda en todas sus variantes.

La colisión final entre Juan Perón y su ala juvenil montonera -a la que alentaba en sus cargas asesinas desde el exilio en Puerta de Hierro-, no tardó en producirse.

La tristemente famosa masacre de Ezeiza, implementada por el oficial de Inteligencia Manuel Jorge Osinde (destacado esbirro anticomunista durante el periodo 1946/55) en pleno retorno aéreo de su jefe, era un claro y masivo anticipo de una guerra declarada entre la derecha fascista (bien vista por los entonces silenciosos militares) y la izquierda guerrillera.

Walsh, al igual que Juan Gelman, Horacio Verbitsky y Miguel Bonasso (director de "Noticias"), intervino activamente en la carnicería. Sin embargo, una vez muerto el egocéntrico anciano, expulsado López Rega por los sindicatos y derrocada por las FFAA su calamitosa viuda, el periodista y cuadro de Inteligencia acentuó su disidencia con la miserable cúpula montonera; partidaria de una insensata táctica de acoso y derribo del debilitado Gobierno Constitucional, en la creencia de que "el Pueblo" se rebelaría contra los autores del previsible golpe militar.

Por si las moscas, la cúpula de la organización había partido a tierras lejanas (México, Cuba o Francia) impartiendo instrucciones operativas a los "militantes de base"; debilitados y en la práctica inermes ante el arrollador bulldozer represor, movilizado por Videla, Massera y sus secuaces.

Los planes económicos de choque requerían el terror masivo y miles de secuestros y asesinatos. Por ello, la nueva incursión de los cuerpos armados devino auténtica pesadilla. La descomposición de la sociedad argentina y la ferocidad militar administrando masacres de Estado inauguraron una etapa luctuosa y siniestra; equiparable a los peores despotismos del siglo XX.

Prácticamente aislado, con una hija muerta por los crueles amos del país, y lleno de amargura, Walsh -que desestimaba huir del infierno- sobrevivió pocos meses a las incesantes encerronas de los victimarios y sus chivatos.

Su mensaje final (obtenible en Internet), en el que vinculaba la sangrienta represión militar al draconiano plan antiobrero de José Alfredo Martínez de Hoz, retrata el coraje y la lucidez de un hombre honesto, y tan comprometido con su tiempo como el director del "Herald", periodista de Ley que debió abandonar el país bajo protección de la embajada norteamericana, tras publicar la denuncia del colega.
Su conmovida mención de la penuria obrera en la triste etapa, soslayaba su especial contribución a la pesadilla, asesinando dirigentes obreros de una clase a menudo idealizada, y que en los hechos daba la espalda a la lucha armada de los que con arrogancia proverbial actuaban en su nombre.

A pesar de los errores y horrores que vivió o promovió- entre ellos el tan común de fustigar a los enemigos de Perón, licenciando la naturaleza dictatorial de su régimen inicial- este póstumo matiz lúcido de Rodolfo Walsh nos lleva a respetarle; a diferencia de los que ayer y hoy siguen amparando en la soberbia y el pasapalabra una rocambolesca conversión democrática.

En el dudoso homenaje que le brinda en la fecha el ex militante de izquierdas y compatriota Joaquín Estefanía, -estrafalario al calificar de nazi a una autotitulada Revolución Libertadora, dictadura seudoliberal cívico militar que he criticado en mis libros sobre Perón; pero que con toda su negatividad dista de ser comparable a la última intervención militar- impera la voluntad de mitificarlo, omitiendo aquello que justamente humaniza a Walsh.

Esto es, la superación del equívoco entre el deseo de justicia y los medios que fatalmente conducen a su opuesto.

Nacido en un país de escasa tradición democrática, Walsh cayó empuñando un calibre 22, creyendo en el "socialismo nacional" y la Revolución Cubana. Años antes, los vietnamitas habían derrotado al Ejército invasor más poderoso de la tierra, mientras tronaban otros combates emancipadores, confundiendo muchas cabezas.

Me atrevo a presumir que quizá, de haber sobrevivido, su conducta autocrítica -movilizada por la pasión de investigar a fondo ciertas realidades-, se hubiese manifestado en una forma u otra.

El periplo trazado por este escritor y hombre de acción desde la derecha cerril, (violenta y amparada desde el poder), hasta la izquierda (también cerril y violenta, aunque instrumentada desde el llano), retrata tradiciones que su generación argamasó durante casi medio siglo en América Latina; tierra de caudillos carismáticos, militares autoritarios, oligarcas voraces, y poblaciones hambreadas, a menudo insumisas.

Nuestro objeto de reseña dejó un ejemplo final. El de la buena letra y la investigación de tramas criminales le suman tantos; aunque también se los resten numerosos delitos y faltas; muchas de ellas atroces al segar vidas humanas.

Su "Operación Masacre", "El caso Satanovsky" (otra denuncia sobre un crimen político, tributario de tramas económicas delictivas) o "¿Quién mató a Rosendo?" son obras meritorias.

Por contra, el espeso silencio del periodista y escritor ante las lacras del régimen peronista y su sino mafioso, o el castrismo que ayudó a consolidar desde el oficio, nos revelan adhesión a formas de gobierno enemistadas con la democracia, y en el fondo asociadas con el enemigo que se proclama combatir.

No evaluar de cualquier personaje público lo malo y lo bueno en su justa medida, desdibuja lo que del mismo cuente para la Historia.

El rigor de una crónica se estima por lo que tiene de veraz. Y el señor Estefanía (entre otros mixtificadores pobremente documentados) es de los que volvió a orinar fuera del tiesto.


















viernes, 3 de octubre de 2008

UN FESTIVAL GLORIA SWANSON, CON FRAGMENTOS DeMILLESCOS Y OTROS ESPLENDORES DE SU CARRERA (CORTESÍA DE You Tube)

YouTube - The Affairs of Anatol (1921), Gloria Swanson, DeMille

PACK DeMILLE 2: MALE AND FEMALE (MACHO Y HEMBRA/ 1919)



El segundo pack de Cecil Blount DeMille se abre con uno de sus mayores sucesos: "Macho y hembra", estrenada en 1919.
Si ya en el previo pack despuntaban los filmes "sociales" que reflejaban su visión de la batalla de los sexos en la vida moderna de entonces, el presente será uno de los clásicos del periodo silente de este talento americano.
Los protagonistas centrales de esta adaptación algo liberada de "El Admirable Critchon" -escrita por el escocés James Barrie (el autor de Peter Pan) sobre la atracción de una dama de sociedad por su apuesto sirviente y la callada reciprocidad de éste, son Gloria Swanson y Thomas Meighan, acompañados por secundarios que DeMille utilizaba en su primera etapa.
El naufragio de la aristócrata y su parentela junto a la servidumbre (compuesta por Meighan y la preciosa morenita Lila Lee) y su permanencia en una isla desierta trastocan los roles sociales. En la lucha por sobrevivir Critchon se corona líder, al que sirven los otros. Tras dos años en el medio y a punto de consolidar su romance con Swanson, un barco les descubre, devolviéndoles a la civilización.
Allí, todo vuelve a ser lo que entonces fue. El fracaso de una amiga de sociedad, casada con su chófer y repudiada por todos, lleva a que el admirable siervo, previo rey en el islote, resuelva partir con Lila a América sofrenando las ganas de alzarse con la anhelante dama de sociedad, antigua novia de un noble que ofrece desposarla.
Un par de secuencias desvelan los derroteros de quienes en la soledad fueron encendidos amantes. Swanson pliega velas que recoge su (infiel) pretendiente, mientras Meighan y Lila fecundan con promisorio empeño los campos de la chacra americana. Servidor del público ante todo y por sobre toda lógica, DeMille destina un futuro pálido a la aristócrata; en comparación con la integración clasista que finalmente une a los humildes.
Una secuencia intermedia entre el final del introito isleño, y el rescate de los náufragos, que la maña del sirviente transforma en generosidad -a sabiendas de que con el retorno a Londres perderá el cetro y a Swanson-, proyecta con fantasía una exótica corte Babilona, en la que Meighan reina envuelto en pieles y Swanson oficia de esclava rebelde con aires de gata salvaje.
La afición de DeMille por el mundo antiguo anterior a Cristo y una cierta barbarie, lo llevarían poco después a encarar superproducciones ambientadas en el área.
Destacan en Macho y hembra los cuidados escenarios y sus lienzos refinados (más bien carnavalescos cuando enfoca la vida isleña) que este minucioso detallista nos regaló en sus impecables cintas.

Extraordinariamente sensual inaugurando un desnudo en la bañera que luego repetiría Claudette Colbert en la sonora "Cleopatra", Gloria Swanson está inmensa y por demás sugestiva. Sus gestos y movimientos llenan la pantalla; remitiéndose el guapo Thomas (o Tommy, como a partir de entonces le llamarían los norteamericanos) a escoltarla con una especial virilidad, superior en frescura a la proyectada por Dustin Farnum o Elliott Dexter (favoritos del director en otros filmes), igualando en tantos la celebridad de su otro arquetipo galano: Wallace Reid.

Gloria Swanson desarrolló uno de los estrellatos más potentes de Hollywood. Su estrella recién se apagó en los comienzos del cine sonoro; tras algunos fracasos, propios de la madurez y los malos guiones; cobrándose revancha en Sunset Boulevard (El crepusculo de los dioses/1949), cinta en la que De Mille se interpreta a sí mismo durante una secuencia.

El afable Thomas Meighan, respetado y querido por Hollywood, tampoco cruzó la barrera de los talkies. Víctima del cáncer, partió en 1936 con 57 años .

La fórmula interclasista y pasional del filme se repitió en los Estudios hasta la saciedad. Sin isla de por medio, Carole Lombard y [su primer esposo] William Powell triunfaron en My Man Godfrey (Al servicio de las damas) en 1936. Aún hoy es un clásico; aunque su densidad narrativa nos parezca inferior a este agradecido rescate de Macho y hembra.


jueves, 2 de octubre de 2008

LA CRISIS, PINOCHO Y LA BELLA DURMIENTE

La crisis nos pilla mal parados. A los obreros y empleados despedidos en la quebrada construcción se suman los de otras industrias y negocios. Hoy encabezamos la tasa de paro en la UE; sin que la marejada de miseria popular que nos anega haya llegado al tope.

Echarle la culpa al petróleo y los alimentos es cada vez más insostenible.
Nos consterna aún más la frivolidad de nuestros gobernantes. El gabinete socialista manifiesta su pobreza operativa en cruciales momentos, que requieren genio y temperamento.

ZP es un hombre de honor con pocas ideas, y éstas se contradicen a menudo. De hecho miente; no quizá por que quiera, sino como producto de lo que promete hoy y de golpe y porrazo niega mañana. La capacidad de improvisar se funde para el caso, con una precipitación que moviliza el hondo desconcierto. Si al gobernante le gobierna el miedo, mal vamos los gobernados.

Soportar el peso de la realidad no es fácil para un Presidente, y menos en tiempos de crisis. Pero ni yo ni mi vecino de piso -conscientes de nuestras limitaciones al respecto- fuimos votados por la mayoría de los españoles. Ni siquiera nos conocen fuera del vecindario o el curro, ni militamos en algún partido. Por ello ninguno de los dos presentó candidatura.

En cambio, el señor José Luís Rodríguez Zapatero lo hizo en dos ocasiones, y venció. La torpeza de rivales que hoy maquillan su añeja incompetencia con afeites centristas fueron determinantes en la rentrée.
A la vista de lo que acontece en estos días, volvió a sentarse en La Moncloa para que -a ojos vista- perdamos los que siempre perdemos.

Si al entrañable Pinocho de Collodi le crecía la nariz al mentir, su émulo monclovita actúa en clara desventaja. Y aunque el regular apéndice de ZP no se mueva un milímetro ante un torrente de mentiras, su contorno resulta bastante menos entrañable.

Además, convengamos en que ese zorreril diseño de la providencia y los genes carece de olfato para detectar calamitosas instancias. Ésta es la peor en décadas, y tiene dos orígenes. Uno externo. El otro ruge y devasta nuestro ya maltrecho tejido social y productivo por causas que nos competen exclusivamente. Lo escribí en más de una ocasión y lo hicieron otros con implacable lucidez.

La criatura de Gepeto era al menos un muñeco de madera con corazón. En cambio, el que fabricaron los votos en este país, es de carne y hueso, pero con el corazón de madera y un cerebro en perpetua confusión.

Le recordamos semanas atrás negando la crisis económica ante los medios, o augurando para España perspectivas de grandeza frente a la Italia de Berlusconi y la Francia de Sarkozy. Lo dijo en USA con el enfático rigor de siempre, y para desgracia de nuestro crédito internacional y las cordiales relaciones vecinales, no bromeaba. Después se columpió en Moscú junto al siniestro Vladimir Putin y su uomo di palla lanzando una diatriba contra la Guerra Fría que, según él, sólo reaviva Bush.

Lo peor de este modestísimo émulo de Pinocho, es que suelta inconveniencias o dislates con la mayor seriedad. Cree a pie juntillas en lo que dice, y en lo que des dice.

El resultado es su creciente descrédito, tras precipitar, qué duda cabe, nuestra mayor ruina.

Haciendo juego con las cabriolas del jefe, el registro vital de su auxiliar económico es tan calmo y paternal, que la vez pasada mientras el otro peroraba viejas ficciones en el hemiciclo, pegó una cabezada en su banco congresual.

Le escuche o no, convengamos que el Vicepresidente Económico es un incombustible soñador de los que piden cojín. Quiero significar que, si para la mayoría de los mortales dormir ocupa un tercio de sus vidas, en la propia le invade por completo. Para el gentilhombre de los números rojos la existencia comporta una dormidera funcionarial de cifras académicas, de la que ni siquiera le sacude esta laberíntica pesadilla que nos pone contra la pared.

Viene a ser el calmo don Pedro Solbes la Bella Durmiente, en este combo de fábulas adaptadas a un presente que nos transporta, día a día, al pasado de rezago económico, altas tasas de paro, y quiebras que se multiplican como los panes y los peces, franqueando los portales de la recesión

Les recuerdo que en la versión original de Pinocho, Collodi ahorcaba al muñeco. En la posterior y más célebre le hizo humano. El proceso que documenta el paso de ZP por el Ejecutivo se manifiesta inverso; aunque nuestras leyes le salven de la horca mientras a los pobres no nos salva nadie.

Para la Bella Durmiente el final del sueño llegó con el dulce beso del Príncipe. Sin embargo, en el horizonte de esta egregia versión solbeana no asoma ninguno. El crédito internacional del que gozamos para paliar los efectos de este descalabro (global y vernáculo) es prácticamente nulo. También nuestra confianza en sus ronquidos.

Mencionar otras crisis más o menos cercanas de poco sirve. La presente las aglomera en un sólo haz, agregándole factores nuevos y empeorados.
¿Y el PP o IU? Bien, gracias. Soñar no cuesta nada, y menos cuando la renta partidaria o el sueldo funcionarial se cobran puntualmente.

La democracia y sus leyes garantizan el cese de un Padre de la Patria u honorable magistrado del Poder Judicial, sólo en caso extremo. De forma tal que nadie va al paro. Tal vez me dirán, sea la hora en que nuestros gallardos nacionalistas regionales saquen pecho y se luzcan, enfrentando con valor e imaginación este desastre.

¿Ustedes creen? Albergo serias dudas sobre la templanza del enfoque sectorial. De esta encerrona, los moradores del lote saldremos unidos o no iremos a ninguna parte.
¡Córcholis, qué digo; quizá sí...!

En el Tercer Mundo siempre habrá lugar para uno más.