miércoles, 29 de octubre de 2008
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS: UNA ÉTICA A SEGUIR
LA DIGNIDAD DE UN PERIODISTA
martes, 28 de octubre de 2008
EL MEA CULPA, O BIEN MEARSE EN ELLA.
domingo, 26 de octubre de 2008
LO QUE TENÍAMOS (Y CONSERVAMOS EN EL CORAZÓN)
LOS 12 FAMOSOS ARTISTAS QUE ILUMINARON UNA ÉPOCA
Eran los campeones de un arte cotidiano, trasvasado a publicaciones que nos regalaban los ojos. En los años ´50 se montaron un curso por correspondencia que sembró leyenda.
No solo enseñaban por correo, lo hacían en persona y trazo desde la Escuela Panamericana de Arte, señalando una ruta promisoria. Ampliando la foto y su epígrafe veréis los nombres que la acompañan. Pratt y Breccia son los más trascendentes hoy; aunque los restantes acreditan mérito propio.
Entre ellos nos toca Carlos Freixas, hijo del gran Emilio y soberbio pintor de portadas al óleo, además de notable historietista.
En la Argentina de esos años -ya caído un peronismo víctima de sus errores- el cine nacional sucumbía a manos de la floreciente televisión. En cambio, las historietas permanecían incólumes, absorbiendo nuevos lectores.
Pesaba la larga tradición de las publicaciones semanales ofreciendo multitud de personajes desde los suplementos a color del diario "Crítica", y la ríada de ofertas, multiplicada semanalmente en la década del ´40.
Es que, a falta de medios, contaban los más artesanales, y los comics defendían el oficio y su considerable impacto popular.
Casi enseguida irrumpieron Héctor Germán Oesterheld y sus notables ediciones de Hora Cero y Frontera. En sus entrañas de papel se alimentaron mediante Ernie Pike y Tinconderoga los futuros sueños de Hugo Pratt y su Corto Maltés, esbozado ya en la previa larga saga de El Sargento Kirk, vecino de al lado de Bull Rockett en las páginas de "Misterix".
Yo me formé culturalmente en esa época, y no la olvido (¡quién podría!)Puntualmente recibí las lecciones que por correo de suscriptor me enviaba la Academia de los Famosos Artistas, dirigida por Enrique Lipszyc.
Admito humildemente no haber rendido jamás ningún examen ni haberme contactado con ellos, por una sencilla razón: mi verdadera afición eran las letras, no los dibujos; aunque disfrutara como loco del paquete.
Hoy, luego de que el maestro Carlos Roume me ilustrara un guioncito en 1978 (El Oscuro) y de haber conocido al "indio" Carlos Pereyra en su Academia posterior, o tras catear a Hugo Pratt en un reportaje que dio la vuelta al mundo, sigo en lo mismo, sin olvidar el legado creativo de los Famosos (y queridos) Artistas: el de crear por sobre todas las cosas.
No hay otro legado que te haga más feliz.
Palabra.
Pd: El maestro Roume (1923), entregado a pintar y esculpir bronces en Tandil, Enrique Vieytes (casi nonagenario) y el humorista Carlos Garaycochea (1929), ambos en activo enseñando a dibujar en sus respectivas academias, son los tres sobrevivientes del retrato. Carlos Freixas, nacido el mismo año que Roume, se nos fue con ochenta años cumplidos.
sábado, 25 de octubre de 2008
FUNNYMAN. EL CANTO DE CISNE DE DOS CREADORES.
PÁGINA DOMINICAL DE FUNNYMAN, CIRCA 1949
Éste no es cualquier cómic. Fue el último intento de dos creadores timados por una gran editorial neoyorkina, procurándose un nuevo éxito.
Resultó vano, pues Funnyman, personaje diseñado tomando como base el suceso cinematográfico de Danny Kaye, constituyó un fiasco.
El dibujante Joe Shuster y su amigo, Jerry Siegel, guionista de profesión, habían concebido Superman en 1934, siendo alumnos de Instituto Secundario y consumidores del cine, los pulps, las comic strips y los filmes en episodios de la época. Tras años de cocinar y depurar su criatura -horneada en el molde del popular Doc Savage, con características propias de cierto acento homérico- la ofrecieron a National Comics (luego DC), editora de los entonces novedosos comics a cuatro colores.
Superando marchas y contramarchas al fin resueltas por el habilidoso manager Max Gaines (padre de William, el posterior editor de MAD), en junio de 1938 se les publicó el personaje en Action Comics, cuadernillo mensual de 64 páginas (sin mayor suceso hasta entonces) a un coste de 10 céntimos.
Superman y sus poderes fueron un exitazo y rápidamente contó con magazine propio. Pero la bisoñez e inexperiencia de Shuster y Siegel les había llevado a ceder los derechos de explotación, y a su pesar debieron conformarse con realizar parte de la producción, junto a la versión diaria y dominical para los periódicos.
Del resto se ocupó la plantilla de dibujantes y guionistas de la editorial. De hecho no eran ya quienes lo controlaban, tanto en el papel, como en las audiciones de radio y el merchandising que arrastró tras él.
Por entonces el nuevo ídolo de masas, representante del poderío americano en el inconsciente colectivo de América y sus áreas de influencia, vendía un millón de copias al mes, sin contar sus reimpresiones de ultramar.
Así, del negocio fabuloso que convirtió al personaje en el favorito de los GI y marines durante la Segunda Guerra Mundial, siendo devorado en el home front por millones de chavales y adultos, sus autores recibieron mendrugos.
En 1947 ambos saldaron por algunos dólares la pequeña participación que aún les quedaba del Hombre de Acero, volcándose durante unos meses en otro héroe de doble personalidad con toques de ciencia ficción mediante una strip de pulso diario y presencia dominical.
Que fuese un payaso retrataba el verdadero estado de ánimo de sus autores. Auxiliado por John Sikela y otros dibujantes (entre ellos se contó un jovencísimo Dick Ayers, probable autor de la página dominical que colgué), Joe Shuster empezó a ser víctima de una progresiva miopia, que luego degeneró en ceguera. En cambio Siegel conservó la salud y hasta dirigió una editora de comics de breve vida, llegando a argumentar -como un free lance más- algunas aventuras de Superman.
En los años ´70 y ante los nuevos propietarios del producto (la Warner Comunications, que entonces preparaba la primera gran superproducción con el mismo) Neal Adams y otros dibujantes de fama se movilizaron, exigiendo una compensación para ambos, ya al borde de la ancianidad. Ésta llegó bajo el formato de una modesta pensión vitalicia.
Yo conocí a fondo Funnyman en la revista argentina Pucky, editada entre 1948/50 por la Editorial Manuel Lainez. Pude hacerlo recién durante los años ´70, al saldar la quebrada factoría los viejos archivos de todas sus revistas, empastados año a año en cada caso, desde su respectiva aparición.
El canto de cisne de Joe y Jerry me cautivó por su dinamismo, acompañado por el cierto sentido del humor que ya les había caracterizado en Superman, aunque el diseño era igualmente crudo y las historias elementales.
Quizá también por que, conociendo la tragedia vivida con su creación, les admiraba desde siempre. Lo sigo haciendo hoy, cuando hace ya tiempo no están entre nosotros.
Una de las cualidades que más me conmueve en mis congéneres es la capacidad de imaginar historias perdurables. Sin que estén a la altura de mis clásicos en la literatura y el cine, dos chicos de Cleveland me permitieron sobrevolar junto a Superman una infancia difícil.
A mí y a millones, ayer y hoy aún...
DR. BOBBS EN UN COMIC DE 4 COLORES
Reproduzco la cubierta de un viejo comic de 10 céntimos y a 4 colores publicado por Dell Publishing en los años ´40, tomando como base algunas historias ya ventiladas en la correspondiente daily strip. Permitirá sin duda apreciar el estilo del olvidado y sensible diseñador Jim McArdle.



