Lo bello es noble, digno y eterno si viaja al corazón del hombre

domingo, 13 de septiembre de 2009

LA CAMPAÑA FACCIOSA DEL DIARIO "LA NACIÓN" Y SUS TURIFENARIOS.

Rosendo Fraga, otro supremo mentor intelectual de los militares genocidas.

Cómo se mire, el supuesto debate que, desde el órgano mitrista y utilizando la piedra de toque aportada por Eduardo Duhalde, a la que se suma gustoso Cleto Cobos, huele a zafarrancho de combate.

Tras la deposición del ex Presidente asoman en sus páginas nuevos leños que alimentan la hoguera de una anticipada cesión del cargo presidencial.

Un ansiado Pacto de la Moncloa en versión criolla sería el santo remedio a tanta incompetencia oficial.

No voy a referirme a lo suscrito por Rodolfo Terragno, mejor periodista en el pasado que ministro de Alfonsín; aunque bien intencionado en cualquier instancia, sino a los miserables bandos de Abel Posse y el transformismo del de la foto que encabeza el presente artículo.

Sobre la vida y milagros de Posse ya escribí en el pasado reciente. Sin embargo, sus dardos venenosos no tienen desperdicio. Veamos sólo un par de ellos, sin quitarlos de un contexto más o menos delirante.

"¿Qué cantidad de poder tendrá que tener nuestro futuro presidente para corregir un país desmadrado, desabrochado, que se suicida a pinchazos de alfiler?...( )...¡Un país donde para vengarse de los soldados del 70, se niega la defensa nacional cuarenta años después!" (el subrayado es mío).

¿De qué soldados habla este contrabandista de la Historia? ¿De los inocentes colimbas, carne de pueblo al servicio de una casta de oficiales corrompida y adoctrinada en la represión por la tristemente célebre Escuela de las Américas y el Pentágono?

Se refiere a los últimos, no a los primeros. Él, diplomático de genocidas y escritor deseoso de vestir en papel sus vergüenzas siempre captó el lado heroico de las historias de terror que protagonizaron los sociópatas, con y sin uniforme.

Veamos...

"Nuestro Pacto de la Moncloa es probable, pero más difícil por nuestro espíritu anárquico y porque nunca pagamos mucho por nuestra estupidez política (diez mil muertos -se refiere a la jibarización numérica de los 31.000 desaparecidos y muertos manu militari- es una cifra insignificante en la antigua Europa, es la cifra de gente que fusiló Queipo de Llano en la toma de Extremadura, en tres días)".

Previamente, el ejemplar que juzga comparativamente "insignificante" la cifra de 10.000 (o 31.000) muertos, promediaba sus primeros renglones sosteniendo, ancho de cuerpo y flojo de esfinter.

"Somos como una llamarada de entusiasmo, vital y creadora que se empezó a extinguir quizás después de las Malvinas (es mío el subrayado) si quiere buscarse un hito aproximativo, puramente referencial".

El remate de la deposición desvela el aguijonazo de la duda por lo que acababa de perpetrar en el renglón. Quiso decir lo que dijo, sin vuelta de hoja. Para él "la llamarada de entusiasmo, vital y creadora" era el dramático estertor que despedía un pueblo aterrorizado por la dictadura más feroz y salvaje que la República Argentina haya conocido desde su fundación, incluida la consumación de una guerra insensata, en la que sus altos oficiales, de Galtieri para abajo, revelaron especial cobardía y singular incompetencia.
Que un tipo de éstos graznase como el cuervo tendría poca importancia, de no ser principal consejero de Duhalde.

Más cuidadoso que este decrépito apologista de la muerte y su patrón, el señor Rosendo Fraga, nieto de un general rabiosamente antiperonista y dueño de una consultoría respetada por buena parte de las organizaciones políticas de la derecha y las empresariales de toda la vida, critica el rumbo gubernamental, negando que la situación política propicie un Pacto de la Moncloa vernáculo; sí en cambio la necesidad de discutir y acordar soluciones durables por parte de los agentes políticos.

A falta de sables patrióticos que sin duda añora, el farsante de ojos velados y torcido rictus, se encorseta en fórmulas democráticas que, en apariencia no niegan la Constitución, tantas veces violada por sus camaradas del alma mediante su especial concurso.

Al respecto, amigos argentinos bien informados me advirtieron semanas atrás sobre los antecedentes de Fraga, ventilados en el mes de enero en Buenos Aires por la revista "Perfil". Según la misma, el ahora analista respetable asesoró al General Viola. Mis otras fuentes aseguran que fue el asesor principal de todos y cada uno de los responsables del terror de Estado, durante el llamado "Proceso de Reorganización Nacional", definiendo el hecho, "como el secreto mejor guardado hasta hoy" en la que fue dantesca historia de los años de plomo.

Yo, que no lo sabía (aunque descontaba la naturaleza "gorila" del caballero) señalé previamente lo útil que me había resultado la lectura de su texto sobre el general Justo (no en la interpretación, desde luego), procediendo a borrar su mención ni bien fui anoticiado de tan lúgubre prontuario.

Escritor ocasional de pobre letra, merece mi final desprecio y eterno rencor. Aunque nadie le haya juzgado ni condenado (pese a los esfuerzos de don Raúl Alfonsín en los años 80).







sábado, 12 de septiembre de 2009

CLETO

Este palangana y bisagra de cualquiera, en plena perorata, bajo la tensa vigilia de Aníbal Fernández.

Nadie se lo toma en serio aunque lo utilicen en la coyuntura. Es un medio, la planta venenosa que cría el musgo añejo para reordenar el paisaje local.

En el seno del gobierno argentino hay dos líneas. La oficial corresponde al siglo XXI en una serie de apartados. La otra es autoritaria y extrañanemte complementada por el tránsfuga Cleto. Él viene a ser un vocero opositor enquistado en la flagrante contradicción del matrimonio Kirchner.
¿Cuál es? El de la entrega patriótica a causas necesarias, y un afán patrimonial que no cesa. Cleto, criatura temporera que utilizan los opositores no consolidados, proyecta ese tembladeral político en el que nadie lanza el potente grito de Tarzán.
El que conocemos ecualizaba la voz humana con vibraciones del extrarradio por obra y gracia de los técnicos de sonido. Cleto representa esa mixtura pirotécnica ensamblada en la política criolla.
La suya delata una mala urdiembre de laboratorio; potenciada además por un desgraciado escrache en la cueva de Alí Babá (Clarín, dixit). Desdichado experimento equilibrado, mal que bien por la feliz abolición oficial de las calumnias e injurias, a la hora de opinar y/o juzgar.
Vuelvo a Cleto para referir su cepa radical, vinculada impensadamente con dos vices de la histórica formación. Son, por orden de desaparición más o menos fulminante, Enrique Martinez y Alejandro Gómez. El primero coqueteó con Uriburu horas antes del golpe de Estado septembrista, en 1930. El otro alzó la espada de juguete ante Arturo Frondizi. La oposición crepuscular de Eduardo Duhalde a Carlos Saúl Menem fue una boutade poco significante; así como la agachada del "Chacho" Álvarez para con el póstumo mandatario radical, de triste memoria.
Nadie recuerda ni a unos ni otros en el respeto o la consideración. Son como fantasmas de una pesadilla de clase B, que ni William Castle o Roger Corman hubiesen rodado en su momento.
Cleto es una patética fotocopia inserta en la tradición.
Que descanse en paz; aunque ésta sea su hora...

viernes, 11 de septiembre de 2009

EL OTRO...

Eduardo Duhalde: Ex vice y senador en ejercicio de la Presidencia, multimillonario patrón bonaerense del peronismo de "sangre azul", y hoy candidato a Gurú arbitral de una multipartidaria antigubernamental.

Reciente devoto del viejo Arturo Jauretche, el "cabezón" vuelve por sus fueros en una ponencia seguramente tutelada y escrita (total o parcialmente) por el sempiterno Abel Posse.

A mí, la imagen de este abogado de Lomas de Zamora, bañero en su juventud y amigo de todos aquellos que solemos detestar, me quedó clara durante su larga colaboración como segundo de a bordo durante el menemismo, fundida a la exacta radiografía que del personaje trazó con valor y buena pluma el periodista Hernán López Echagüe.

De su gestión al frente del Poder Ejecutivo recojo la nefasta pesificación y sus metástasis, junto a los 33 heridos y dos muertos (Kosteki y Santillán) en Avellaneda por carga policial de la "maldita policía" bonaerense, que él mimó ad eternum. No puedo refrendar los comentarios que sindican las raíces de la fortuna acumulada por este señor en el narcotráfico, cuando hasta la mismísima DEA lo absolvió de la práctica; si puedo en cambio cuestionar a este organismo, pródigo en corruptelas, asesinatos y manipulaciones, por cuenta propia y los intereses geopolíticos de Washington.

Duhalde (y Posse) eligieron ad absurdum la figura de Jauretche, muerto en la modestia que siempre lo caracterizó, por su vieja tradición de radical rebelde, vinculada al primer peronismo.

Es un cable lanzado al tránsfuga Julio Cleto Cobos, sujeto poco recomendable desde el instante mismo en que rompió con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sin renunciar a su cargo de Vicepresidente.

Mezclar elípticamente a don Arturo con Cleto es propio del "padrinazgo" del torticero Duhalde, especialista en jugar sus cartas en instantes de crisis nacional o vacío de poder.
En su alusión a las "zonceras" jauretchianas y en ejercicio del "copyright" que detenta arrogante sobre la marca partidaria, incluye la póstuma derrota del Justicialismo en "las últimas elecciones". Centrado en complicar al radicalismo con Cobos y sus propios manejos, auspicia un aglomerado ejemplar de "compañeros" al estilo de Macri, De Narváez, Ruckauf, Barrionuevo y Reutemann, sin excluír a nadie que abandone la averiada barcaza de los Kirchner.

La intención de articular la legalización de su imaginario mediante un "Pacto de la Moncloa" al estilo criollo supone el entierro de la política de Derechos Humanos y el retorno a las "relaciones carnales" que él y su patrón de entonces instrumentaron con tan funestas consecuencias para la dignidad nacional y el prestigio exterior del país.

Con el nuevo desembarco en la Rosada de estos peronistas all olio las coincidencias con el siniestro Álvaro Uribe Vélez y "el adecentado" Alan García, serían el pan vuestro de cada día.

En verdad, la carne y el espíritu de Duhalde están mucho más cerca de la "Década Infame", que de quienes la fustigaron sin tregua.

Su gestión servil de Menem encabezó justamente otra por el estilo, corregida por el uno a uno, y aumentada por la ruina posterior y el colapso del 2001; instante en que el antiguo "lifeguard" (y transformista) se lanzó a las procelosas aguas servidas para salvar la Patria.

Ahora vuelve a calzarse el gastado bañador municipal, invocando a quién no debiera y sin hacerse ninguna autocrítica por las infamias que convalidó desde casi siempre.

Jauretche era un rebelde; quizá menos técnico que Raúl Scalabrini Ortiz o teórico que Liborio Justo, pero conservó intacto el ingenio socarrón para con los martilleros públicos de la Patria hasta el final de sus días.

A veces se equivocó. Como funcionario del Coronel Domingo Mercante (el mejor gobernador de una provincia que Duhalde respetó tan poco) echó a huelguistas bancarios. Pero su paso por alguna forma de poder o fallida apuesta (hacia el frondizismo desde la revista "Qué") fue fugaz, y obedeció a su pura y exclusiva voluntad.

Por eso mismo un Perón apetente de sumisos adláteres lo mantuvo a distancia, desde al menos 1944, mientras Mercante (virtual Forjista de alma y verdadero artífice de la buena vecindad con los opositores) le amparaba en lo posible desde Buenos Aires.

Esgrimir símbolos equivocados suele volverse contra los manipuladores de toda laya.

Tampoco es casual que sea "La Nación" el vehículo que imprima la letra de esta gastada partitura en el presente. La vieja "Crítica" de Natalio Botana lo hizo antes del golpe del 6 de septiembre de 1930, sosteniendo desde posiciones de izquierda los fraudes del General Justo. Ahora, sin Generales en la política, los reaccionarios de siempre apuestan por este cachuzo Mariscal de la derrota; auténtico hacedor de zonceras gravosas para la Nación, y los más humildes ciudadanos que invoca con tanta desvergüenza.





sábado, 5 de septiembre de 2009

ESPAÑA: CREPÚSCULO Y ENDEUDAMIENTO.

La imagen crepuscular de una industria que agoniza, junto al porvenir.
Anteayer un educador de Gandesa me dijo: "Vacacionamos en Austria con mi compañera quince días. Apenas ví ocho grúas".

Otra amiga, ésta de Agramunt; prologuista de mi primer libro y lectora de los restantes, no había descubierto ninguna durante su semana en Noruega.

En los países desarrollados de Europa Occidental el ladrillo cuenta muy poco; de ahí la baja cota de paro, en comparación con la nuestra.

La placa radiográfica de nuestro emboscado subdesarrollo y su clara patología se refleja de cabo a rabo en la versión española de esta crisis mundial. En nosotros falla la estructura cultural, la base tecnológica y una industria tributaria de las joint ventures, e incapaz de desarrollarse con recursos propios de curso autónomo.

¿Puede criticarse al gobierno socialista del presente desastre?

Debe criticarse a casi todos los precedentes; en especial a los tan imprevisores de Felipe González y José María Aznar, concentrando veinte años de progreso evanescente. En la emergencia, no es sin embargo criticable la actitud gubernamental al subsidiar la extensión de las prestaciones a los parados, ni la subida de impuestos a las rentas más altas, pese al estrepitoso derrumbe recaudatorio.

La derecha y sus técnicos cierran filas con sus voceros de prensa poniendo el grito en el cielo. "Estamos"-dicen "endeudando a nuestros hijos y nietos con los créditos que debemos contraer en el exterior para parchear el agujero presupuestario que comporta el gasto social", cuando el verdadero endeudamiento de este terruño desarrollado en meras cifras propias de las barajas apiladas en un castillo de naipes, era previo, al pensar que todo el asunto radicaba en formar camareros, cementar ladrillos con mano barata, engordar funcionarios (privados u oficiales) y burocratizar el Estado de este país de servicios, hasta extremos grotescos.

Nadie se acordó de cimentar el ahorro privado, impulsando la cultura y la tecnología de cara a competir en el futuro inmediato con países avanzados.

Apenas año y medio atrás, ZP sostenía exhultante que superaríamos a Francia en PIB. Luego negó que la crisis existiera. Fue el último en admitirla; aunque no el primero en ignorarla, pese a lo que ahora sostengan sus muchos detractores. Luego pagamos las consecuencias de tanta fanfarria e hipocresía juntas.

Mejor dicho, las pagan los inmigrantes, los pobres de siempre y vastos sectores de la clase media, en caída libre y sin techo bajo el que guarecerse, a corto o mediano plazo.

La extensión de los subsidios es necesaria si no queremos que este viejo edificio estatal se nos caiga a pedazos y se criminalice de golpe y porrazo una parte de la sociedad. Claro que, sin obrar presurosos en la tarea de cambiar el modelo productivo, nos caeremos igual, y de bote pronto las grandes ciudades emularán al Chicago de los años ´20. Por ahora nos azota la pandemia gripal, de alcance planetario.

La última tiene remedio en una sociedad más o menos desarrollada. ¿Cómo se hace para evitar el caos, ladies and gentlemen? ¿Contamos en principio, con cuadros técnicamente preparados para acometer la hazaña? ¿Tenemos la intención de formarlos elevando los planes de estudio y la consciencia cívica de la reserva juvenil (que tras la secundaria o la Universidad van al paro), o sólo repartiremos, rozando ya de los cuatro millones y medio de parados, preservativos en los institutos de enseñanza media y falsas espectativas de empleo en la superior?

¿Seguiremos por demás, región a región, Partido a Partido, a la greña por demostrar quién es más o menos corrupto, menos o más nacionalista, y la tiene más grande?

Por este sendero tenebroso, en menos de lo que canta un gallo nos la terminaremos envolviendo todos en papel de fumar...






jueves, 3 de septiembre de 2009

A PROPÓSITO DE LOS CANALLAS QUE HACEN DE LOS IDEALES UNA BURLA.

Marcello Mastroianni y su inolvidable rol de cuadro intinerante socialista revolucionario, en "I Compagni".
Mis artículos sobre J. Posadas y el posadismo han levantado polvareda y previsibles toneladas de mugre.

Hace unos meses, cierto plumífero del señor Horacio Verbitsky (patrón ideológico de Página 12) tecleó un infame artículo sobre el troskismo y los platos voladores. No es la primera vez que alguien de la izquierda ligera o el mundillo de la derecha embozada se mete con J. Posadas, el Partido Obrero (trotskista) y su órgano "Voz Proletaria", rebautizado como "Voz Planetaria".

En mi carácter de ex militante obrero de ese partido, la crítica a Posadas y el trotskismo que él y nuestra organización de entonces encarnaban debe ser objetiva, y no motivo de escarnio, por una razón poderosa que yo mismo viví y coprotagonicé durante seis años.

Éramos militantes con una ética y un credo igualitario. Mientras quién esto escribe y mis camaradas, o los del Partido Comunista, los socialistas de izquierda y los trotskistas de Nahuel Moreno o Jorge Abelardo Ramos, dormíamos cuatro horas y trabajábamos sin descanso en la fábrica o la universidad, en los barrios obreros y los actos relámpago por las causas que defendíamos, o fatalmente caíamos presos, individuos como Verbitsky eran carne de tinta pro golpista en Primera Plana o Confirmado. La gente como él sabe de estas cosas. O de otras que comprometen posiciones de integración a dictaduras militares, autoritarias o sangrientas, junto a una reconversión democrática carente de autocrítica.
La reciente carta de Güiraldes, hijo- que no comparto en la intención última- es clara al respecto.

Cuando nosotros, junto a los obreros peronistas, hacíamos huelga o nos manifestábamos, Posadas, Moreno, Ramos, Fernando Nadra y Ernesto Giúdice nos acompañaban, aunque por razones de clandestinidad no participasen en ellas. Ésta era la moral que toman en solfa quienes jamás la tuvieron ni la tendrán.

Tanto quienes militamos ciñéndonos a principios colectivistas, como nuestros dirigentes, éramos perseguidos, encarcelados y en algunos casos torturados (hablo de los años sesenta; luego se generalizaron las torturas y los asesinatos).

Desde vivencias que ante todo resguardan los valores éticos de los que ni siquiera sabíamos manejar un facón -aunque si buenas razones para enfrentar los abusos del patrón, del burgués represor y el milico de picana o gatillo fácil-, la burla sobre cualquier revolucionario que haya acreditado entre otras teorías, peculiaridades sobre las misteriosas relaciones entre el Universo y la Tierra, no procede.

Seré el primero en criticar al antiguo obrero del calzado J. Posadas, por eso y otros asuntos mucho más graves.

Lo que no voy a admitir bajo ningún concepto es que, desde cualquier periódico -y menos el que mangonean los Verbitsky ( oficiando en concreto de paje opinador, el señor Pasquini Durán, ¡ex secretario del legendario obrero comunista Rubens Íscaro!)- se ridiculicen los ideales, ni tampoco ciertas teorías que, pareciendo exóticas, desprenden sin embargo mayor humildad en relación con aquellas que sirven otros negacionistas.

Para los últimos, en el Universo monopolizamos la inteligencia, e incluso la vida humana o animal. No ven más allá de su nariz en el perímetro que ocupan, permitiéndose extender la perniciosa miopía al firmamento.

¡Vaya pretensión totalitaria la de dichos señores!

Por otro lado, será preciso revisar la tan denostada militancia en organizaciones de izquierda, sean Marxistas o no.

La juventud de hace treinta o cuarenta años no ensuciaba paredes. Difundía ideas, conceptos y proclamas. Era una valiosa herencia de nuestros mayores que no supimos honrar debidamente con los propios hijos.

La Historia ha demostrado que las ideas sociales -no las raciales o imperiales- centran su foco en la ética y los principios. En denunciar la opresión y el hambre, las enfermedades y la muerte que aquejan a buena porción de la humanidad.

Más les valdría a muchos políticos actuales encarnar esos ideales de reforma social y entrega emocional. La crisis de valores, es causa y no efecto de la crisis económica (y política) mundial.

De restaurarse la ética y los principios comunitarios, aboliendo para siempre lo que nos llena de ira, viviríamos en un mundo mejor, y de gentes más honestas.

En la tarea, no ayudan estas referencias miserables. En el fondo las redacta y proclama el nihilismo en llaga viva, para que nada se mueva, y todo quede como está.
En manos de unos pocos...

domingo, 30 de agosto de 2009

HÉROES SIN FAMA.

La instantánea que la cinta se merece: Jóvenes y enamorados según Pondal Ríos, Olivari y Mario Soffici: Angelito Magaña y Elisa Galvé (circa, enero/marzo de 1940)

HÉROES SIN FAMA: LA DENUNCIA DE LA CORRUPCIÓN POLÍTICA EN 1940.

En la foto superior, los jovencísimos Ángel Magaña y Elisa Galvé. En la inferior, Ángel y el gran José Olarra.

Meses después de rodar "Prisioneros de la tierra", Mario Soffici encaró un tema social de corrupción política por cuenta de Argentina Sono Film, la productora más importante que conoció el cine criollo.
"Héroes sin fama" denuncia este flagelo (tan frecuente en estos días bajo otras fórmulas) en el imaginario pueblo de San Carlos, agitada por el valiente imprentero (Rufino Córdoba). Su vecino de al lado, el honesto boticario y médico (José Olarra) es su amigo de toda la vida. La hija del último (Elisa Galvé) y el del primero (Ángel Magaña) están enamorados desde la niñez.
Sobre el amor de la pareja se cierne empero, la amenaza de la corrupción política cuando el despolitizado boticario acepta el patrocinio de un comité vecinal (presuntamente conservador) para asumir la intendencia.
Bajo alguna influencia de su mujer, la humildad de un alma servicial fue abriendo paso a cierto deseo de prestigio y poder.
Ahí es dónde la amistad del imprentero y el boticario empieza a resquebrajarse, rompiéndose definitivamente cuando los bonetes políticos del Comité encargan destruir la imprenta a sus pistoleros, y uno de ellos asesina al periodista; reemplazado por su hijo en el periódico y su campaña, desnudando chanchullos y un constante fraude electoral empadronando muertos (una realidad de aquellos años infames).
El ex amigo (a su pesar), no encaja las piezas correctamente y sigue en la intendencia; pero a la previsible ruptura entre los dos enamorados se agrega el paulatino repudio del vecindario, que achaca al titular complicidad con el crimen.
En el hijo de la víctima, ayudante del padre, antes absorbido por el libre albedrío de una comarca ideal para los deportes al aire libre y los románticos paseos en barca con su amada, se había operado un drástico cambio de enfoque, simétrico al del boticario, como de inmediato se aprecia.
El último toma conciencia de ser uomo di palla y no un real servidor público, al descubrir por un hecho casual que las obras de pavimentación que había previsto estaban sujetas a un pago de comisiones al Comité.
Resuelto a vengar a su amigo y restablecer su honor, quiebra el vínculo que lo ata a los altos funcionarios que desde la sombra organizan todo, e irrumpe en la guarida de sus secuaces.
A punto de ser asesinado por los pistoleros, llegan el hijo del amigo y su barra juvenil ajustando cuentas con la gavilla de maleantes.
La historia tiene un final más feliz del que conocería la realidad argentina durante el curso de aquel año, crucial para el futuro democrático.
El Presidente Ortiz había reaccionado como el boticario, inspirando a los guionistas (el legendario dúo integrado por Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari) en su tardío y desesperado combate contra el fraude y la corrupción, al intervenir las provincias de Tucumán y Buenos Aires, cancelando el timo eleccionario y movilizando tropas del Ejército en respaldo a sus respectivos decretos.
Pero el mandatario tenía enemigos más poderosos que el personaje de Olarra. A la enemistad de su Vice (el conservador Ramón Castillo) y la inopia del radical Alvear, se sumaban el avance de su diabetes, la hipertensión y una ceguera irreversible que pronto le llevarían a renunciar bajo presiones políticas, y las de una corporación militar de formación prusiana, que ya no controlaba el General Justo (enemigo, por otra parte, de Ortiz y su efectivo corte de manga).
El aliento democratizador y el ansia de justicia y libertad para todos, impregna la esencia de esta reconocida obra maestra, en más de un diálogo.
"Esta imprenta tan chiquita"- le dice Magaña a Galvé en una hermosa escena del filme- "es como una luz en el pueblo. Una luz que no debe apagarse nunca..."-agregando- "Hay cosas alrededor nuestro que son más fuertes que el amor. Y hay que defenderlas."
Actores de origen teatral tan efectivos como Córdoba, y sobre todo José Olarra (un Petrone maduro que deja la marca de su estilo intepretativo en cada pasaje) acompañan a un joven y estupendo Magaña, y a Elisa Galvé, de larga y meritoria actuación en el cine nacional.
Todo lo que yo pueda decir de Mario Soffici se queda corto ante la enorme sensibilidad social que nutre su talento dramático. Quizá sea el director y guionista (actor en ocasiones) más emblemático y parejo de entre los grandes imagineros que conoció la pantalla austral entre 1932 y 1962.
De una tan chiquita y luminosa que, gracias a cintas como ésta, nunca se apagará...