lunes, 8 de septiembre de 2008
LAS TARAS DEL SÁBADO A LA NOCHE
sábado, 6 de septiembre de 2008
PACK CECIL BLOUNT DeMILLE 1: THE SQUAW MAN (EL FUGITIVO/ 1914
DeMille rodó éste, su primer filme, a finales de 1913. Fue un exitazo que le consolidó ante sus socios y el público.
El Fugitivo es la historia de un noble británico del cuerpo de Lanceros que asume el robo de otro aristócrata -marido de la mujer que ama- e intentando proteger su reputación se fuga al Oeste americano. Allí se transforma en propietario de un Rancho y termina conviviendo con una india, que le hace padre de un pequeño mestizo.
Las cosas se complican cuando ella ultima a un cuatrero bravucón que amenazaba al protagonista, y el alguacil del condado quiere encerrarla. El ranchero inglés, paradigma de virtud y absolutamente americanizado, será salvado de nuevo por su fiel compañera, a punto de perecer en un pozo nevado que emite gases venenosos. De forma tal que su gratitud para con ella es absoluta.
En el ínterin el verdadero ladrón ha viajado junto a su mujer al Oeste, topándose con el fugitivo, tras lo cual, el primero tiene a bien de despeñarse mortalmente, confesándose autor del robo mediante una nota guardada en su chaqueta. La segunda muerte importante radica en el suicidio de la india (pecado mortal que la industria vetará más tarde). Impulsada por la vocación de servicio de una raza derrotada en Wounded Knee, quiso dejarle libre para que realice su paternidad del pequeño junto a la viuda inglesa.
La imagen última del relato enfoca al protagonista abrazando el cadáver.
"Ha muerto una madre"- dirá.
En el reparto de la cinta destaca su primitivo astro de entonces, Dustin Farnum; algo entrado en carnes y de calvicie mal disimulada. Le escoltan Monroe Salisbury (el ladrón), la menuda y nada glamorosa Winifred Kingston (su mujer y objeto de deseo de Dustin) y la chaparreta Red Wing (una genuina intérprete de piel rojiza, contrariamente a lo que Hollywood hará después maquillando a actrices blancas y estilizadas en el desempeño).
Si bien la copia es nítida, hay ciertos cortes e incoherencias en su metraje. Se extrañan intertítulos que aclaren parlamentos gestuales (a todas luces insuficientes) y sobra el olor a naftalina. Pero sin duda se trata de un documento importante en la historia del cine y sumándole el factor al propio mérito del filme se visiona con arqueológico interés.
Como detalle revelador de la minuciosidad con que DeMille encaraba sus productos, volvió a rodar dos nuevas versiones de El fugitivo.
La primera, con más experiencia, refinamiento y medios a su disposición, cuatro años después empleando al más atractivo Elliott Dexter, secundado por Jack Holt, Anne Little y Khaterine MacDonald en los roles principales. En la segunda y ya sonorizada versión de 1931, introduciendo a Warner Baxter, Paul Cavanagh, la mexicana Lupe Vélez (como glamurosa india de turno) y la bella Eleanor Boardman.
viernes, 5 de septiembre de 2008
LAS RAZONES DE LA SINRAZÓN
Considera que los bloggers somos unos pelotudos por descalificarle.
¡Qué vanidad! ¡Cuánta sinrazón!
jueves, 4 de septiembre de 2008
LA COMPAÑÍA LASKY, EMBRIÓN DE PARAMOUNT PICTURES, EN 1914
Jesse Lasky elegantemente aposentado en el centro; DeMille, con las manos en los bolsillos de su clásico breeche y las infaltables botas de su primera madurez, a la derecha. Los demás son actores y técnicos. Aplicando el zoom se apreciarán detalles. La página y media corresponden al imprescindible, voluminoso y esencialmente gráfico The Pictorial History of the Silent Screen, la joya de Daniel Blum.
Incluyo esta panorámica para situar a mis visitantes en la empresa que DeMille y sus socios de entonces edificaron para gloria de Hollywood, el Star System, los buenos negocios, y en algunas ocasiones el arte cinematográfico...
PACK 1: CECIL B. DeMILLE: JOAN THE WOMAN (JUANA DE ARCO/1917)
miércoles, 3 de septiembre de 2008
PACK 1 CECIL B. DeMILLE: CARMEN/1915
De Mille adapta la famosa obra de Prósper Merimée empleando a la soprano y actriz Geraldine Farrar, de 33 años (Carmen), emparejándola con el galán Wallace Reid (Don José). De gran personalidad y brioso temperamento aunque de corta estatura y escasa belleza a causa de una cara demasiado ancha y una boca poco agradecida, la Farrar sobreactúa con enorme desenfado, mientras el modesto Reid luce su apostura de varón americano disfrazado de español, embutido en uniforme cuartelero.
Cabe señalar que, al sentarle tan bien el atrezo, a juicio de las espectadoras, el bello ejemplar se convirtió en un ídolo de la pantalla, hasta el penoso instante que la morfina pudo más que la fama y la fortuna, ocho años después.
El relato en sí, está mejor construido de lo que se podía esperar. No obstante, Chaplin se dio el lujo de parodiar el filme con una "Carmen" propia, empleando su ironía de costumbre.
Es la que se conoce y disfruta en todo el mundo, ensombreciendo el mérito de ésta.
La versión original es visionable y hasta cierto punto entretenida. Su proyección en los cines de la época cosechó aplausos, permitiendo que De Mille insistiese con Farrar en cinco nuevos temas. El que reseñaré en próximo post es "Joan The Woman" (Juana de Arco).
lunes, 1 de septiembre de 2008
PACK DeMILLE 1: THE CHEAT (LA ESTAFA/1915)
Traducida también como La marca del fuego en su estreno español, esta cinta de DeMille transpira sexo, un conato de prostitución a cambio de 10.000 dólares (de 1915) y la venganza del apetente príncipe birmano- encarnado con diabólica precisión y sex appeal por Sessue Hayakawa- al rechazar la dama (Fannie Ward) el cumplimiento del virtual contrato.
Entre medio aparece un marido en dificultades financieras, absorbido por las inversiones bursátiles (un insípido Jack Dean), y la cuota de racismo al retratar las bárbaras costumbres de un despótico y vengativo oriental.
El trato entre la dama de sociedad y el príncipe procuraba reparar la poca fortuna de ella perdiendo 10.000 dólares que no le pertenecían en una mala inversión. La ruptura del mismo, a un golpe de fortuna del marido en Bolsa.
Ward, que además de pactar sexo por pasta había coqueteado de lo lindo con el exótico varón, consigue que Dean le extienda un talón por los diez mil, que secretamente y de inmediato ofrece devolver al otro. Hayakawa se niega y ella, a punto de ser forzada se defiende baleando al agresor; no sin que antes éste le marque a fuego la espalda con su sello real, siempre a punto en su afán de acreditar la private property de jarrones y otras minucias.
La violenta escena antecede a la que treinta y ocho años después rueda Fritz Lang, haciendo que el despechado ganster Lee Marvin vuelque sobre el rostro de su amante Gloria Grahame una jarra de café hirviendo en Los sobornados.
La maestría de De Mille remata la escena mediante un primer plano del enfurecido Hayakawa desgarrando el vestido de Ward al tiempo que echa mano del sello al rojo vivo. De inmediato lo descarga sobre su espalda descubierta y visualizamos la humareda. El procedimiento nos permite imaginar el feroz marcaje.
Lang y Alfred Hitchcock han resuelto escenas violentas -paradigmáticas en el cine negro americano de los años ´40- empleando esta capacidad de sugerir, integrando al espectador en la acción.
Luego el filme abandona su erotismo original y algo de gas en beneficio del moralismo algo perverso que esgrime DeMille en todas sus películas de sociedad.
Herido en un hombro, el oriental monta un pleito al marido de la mujer (que asume haber usado el revólver para protegerla) y estalla el escándalo. Ella le visita ofreciendo echar un polvo (lo digo así para no alargar la cuestión) con tal de que retire los cargos.
Pero el otro rechaza la oferta.
"No me estafará dos veces"- dirá impertérrito, y en el fondo feliz por que encausen al consorte.
De momento el deshonor afecta al matrimonio. Él por cornudo y presunto asesino; ella por infiel.
Pero este no es un filme realista de Erich von Stroheim, ni acredita el aliento poético del maestro Griffith. El señor DeMille es ante todo un agudo comerciante, y como tal coje al vuelo lo que del cinematógrafo piden el público americano y la clase media europea. De forma tal que las convenciones resuelven en el último de los cinco rollos de entonces, el sentido de la fábula.
Por consiguiente, Ward revela la verdad y ante el jurado en gesto dramático desnuda su espalda. La cicatriz del sello imperial la señala marcada (como una vulgar res) por un miserable agresor de género. Disparó el arma para resguardar su virtud de esposa fiel. Entonces los conmovidos asistentes al juicio cambian de humor, abalanzándose indignados sobre el salvaje príncipe; al fin de cuentas un oriental de ésos, cuyo mayor mérito para los norteamericanos consistió en dejarse la piel y los huesos por unos pocos dólares en la construcción de las vías férreas que unieron el Este civilizado con el Oeste salvaje.
En la escala de trabajos forzados, los chinos eran víctimas propiciatorias, en cambio los japoneses disfrutaban de algún privilegio.En su mejor momento, Charles Chaplin pagaba 2.000 dólares mensuales a Kono, su chófer japonés. El ayudante karateka de El Avispón Verde, popular en la radio de los años ´30, también lo era. La excepción a regañadientes la cumplimentó el latoso detective Charlie Chan; aunque era un chino de Hawai; Estado americano del South Pacific.
En el apartado de villanos orientales que bosqueja el píncipe birmano de Hayakawa, cuentan el sombrío FuManchú y el Emperador Ming, su eco del singular planeta Mongo.
Como villanos se alzan con la representación, mordiendo el polvo en su final. En el Hollywood que fundaron DeMille y sus amigos judíos, los orientales (junto a los negros y los latinos) conocieron durante cincuenta años este destino, sólo fulgurante para lo peor.
Tras la extinción del drama reseñado (me refiero al específico de DeMille), la paz volverá al confortable hogar anglosajón del jugador de bolsa y su [casquivana] mujer. El American way of life ha vuelto a consumarse; al menos hasta el the end...
PD
Se aprecian en la cinta la vigencia de símbolos de género aún rudimentarios. La belleza de la actriz teatral Fannie Ward es algo bovina y se aleja bastante de lo que Gloria Swanson representará poco después como arquetipo de hembra irresistible y elegante, en las cintas de De Mille y otros directores (a la Swanson, el príncipe de Hayakawa no le hubiese despreciado el segundo envite).
Jack Dean representa un retroceso en comparación con la apostura y el buen hacer de Elliott Dexter proyectando al galán americano. En cuanto a Sessue Hayakawa, viene a ser un anticipo oriental del engominado italiano Rodolfo Valentino, luego en la cima del galanato hollywoodense. Durante algunos años, la vida privada de Sessue semejó la de un príncipe oriental de verdad. En 1920 ganaba 7.500 dólares semanales. Dicen que durante una vacación europea y en una sola noche de casino, el jueguista y mujeriego se dejó en el tapete verde 900.000 dólares. Durante unos años y ya curtido como característico, probó suerte sin demasiada fortuna en el cine francés.
A fuerza de fama pulverizada y ahorros menguantes, en su madurez el farrista sentó cabeza, criando tres hijos sanos y fuertes. Entregado al Zen y a algunas brillantes actuaciones como la del coronel Saito en El puente sobre el Río Kwai, partió con 83 años y rodeado de hijos y nietos en 1973.
En el fotograma superior, Fannie Ward y Sessue Hayakawa bajan de un lujoso rodado de la época. En el inferior, Sessue hornea el sello en su cálido fogoncillo.